domingo, 10 de febrero de 2008



HEREDERO DE HOLOCAUSTOS


Creo que desde niño me inculcaron masacres y holocaustos.
La guerra en la psiquis de la madre consistía en bombardeos paternales,
el ruido del hábitat era de quebrazones de platos
y su silencio era la turbulencia del útero pidiendo ayuda.
La televisión y la radio transmitían a su vez nuevos avances
en la construcción de bombas nucleares y armas de destrucción letal.


Para tranquilizarme,
ponían dibujos animados en la pantalla del adormecimiento,
y desde allí también informaban las noticias sobre muertes y hechos de sangre,
sobre un mundo en constante masturbación en el cual desde las catedrales
se veía en vivo y en directo al demonio vestido de blanco
“salvándonos” con hostias y ocultando pervertidos y sádicos deseos;
dudosas llegadas a la Luna, banderas quemando países y bosques enteros,
africanos suplicando por un trozo de pan y un sorbo de agua,
chilenos quemados vivos, torturados y desaparecidos en el polvo de la muerte,
y el fuego del petróleo intentando quemar los cielos,
y un puto y sucio dinero gobernando todo, y la otra vez cobarde forma
de abusar en contra de la Mujer, del Planeta y del Hombre,
como si éste fuese víctima perpetua
de una peligrosa especie del reino animal de los humanos.

A medida que voy creciendo,
me pregunto si éste es el mundo del cual me hablaba Satanás
pero a la vez busco posibles respuestas en cavernas oscuras parecidas a Dios;
es por esto que juego en acantilados psíquicos mientras espero comprenderlos
y me columpio en el pimiento que los hombres cortaron frente a mí
el día que aspiré todo el humo que enfermó a un árbol habitado de universos.

Debido a mi temprana paranoia me convertí a una especie de autismo.
Habité rincones habitados por fantasmas y espíritus y recorrí a propósito
pasajes y paisajes que pudiesen apartarme de este infierno.

Entré sin pensarlo dos veces a la oscuridad de lo desconocido,
intenté encontrar una luz al fondo de un túnel
pero sólo me encontré a mí mismo,
llorando en un mundo de constantes holocaustos.

¿Quieres que tus hijos sean

herederos de holocaustos también?

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