viernes, 13 de junio de 2008

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P O R F E L I U S dijo...

CARTA DE LUDWIG VAN BEETHOVEN

Hay mucho que hacer en este mundo ¡ Apresúrate!
Efectúa todo lo necesario para conseguir tu anhelo más ardiente y de este modo lograr el triunfo al fin.
Si deseas comprender los milagros, tú mismo deberás comenzar por hacerlos. Sólo procediendo así podrá cumplirse tu propio destino.
Para granjearse la sumisión y obediencia de otros, no hay nada como inculcar la fe en la superioridad de nuestra propia inteligencia.
El destino concedió a los seres humanos una facultad: la del valor para soportarlo todo hasta el fin.
No trates de ocultar tu sordera ¡Que la conozca el mismo Arte!

Vive desde ahora para el Arte solamente. Por más limitaciones que la debilidad de tus sentidos ponga a tu horizonte hoy, sólo el Arte, a la corta o a la larga, te proporcionará la razón de tu existencia.

¡Sacrifiquemos la vida al Arte, y sea el Arte un santuario para nosotros!

Inmola siempre a tu Arte todas las pequeñeces de la vida social.
Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperar la gloria ni la recompensa.
Labora y desempeña tu deber sin que te inquieten las derivaciones de un resultado favorable o adverso.
No busques otro refugio que el de la sabiduría, porque al atenerse a los resultados produce desgracias y acarrea pesadumbres.

El odio recae sobre la persona que lo provoca. Una palabra amable a nadie perjudica.
Entre los dientes del tigre oí la plegaria de la víctima: “Gracias te doy, Altísimo, porque muero entre dolores, mas no en pecado”.
Ahórrate el dolor de ofender al amigo. Y especialmente al amigo incomparable.
No confíes tu secreto ni siquiera al amigo más probado. Cómo podrías pedirle fidelidad y una discreción que a ti mismo te faltan? La ley moral en nosotros y el cielo estrellado por encima de nosotros”

La perseverancia, incluso ante las circunstancias más duras y adversas, es un rasgo esencial por el cual se caracterizan los hombres dignos para obtener tal dictado.

Sertorio desdeñaba el insulto, porque lo único que valía para él era el tiempo. No hay nada tan precioso como el tiempo, efectivamente, cuando se anhela realizar cosas importantes.

Los lacedemonios tan indiferentes a la Vida como a la Muerte, sólo se preocupaban por una cosa, a saber: vivir y morir con dignidad. La Paz y la Libertad son los mayores bienes que existen.